jueves, 20 de septiembre de 2012

Epistulae ex Laviana

Querido Ovidio:

Te escribo esta carta desde mi exilio en un hermoso paraje rodeado de montañas. Te escribo desde la cárcel más hermosa que jamás haya visitado. Una prisión ideológica y social que me hace vivir la más dulce de las torturas.

Sé que esto no es Ponto, este no es un exilio tan duro como el que sufriste en el Mar Muerto, pero a mí también me ha condenado mi manera de pensar, actuar, o escribir. Este es un hermoso valle con un río que corta las montañas y que brilla como plata en las tardes de verano. Lleno de preciosas cumbres por las que nace el sol para acabar muriendo hacia el lugar donde la realidad comienza, donde la industria y la bárbara civilización, destruyen la idealidad del valle de Laviana.

De todas formas, te escribo esta carta para contarte mi dura experiencia: La más bella de las cárceles es en sí misma una cárcel. Y por muy feliz que me encuentre en la tranquilidad de este valle, me encuentro tristemente solo. En este lugar hay almas muy nobles, pero la honra y la honestidad no implican que mis vecinos entiendan mi manera de actuar, ellos se guían por su corazón, y es imposible que yo consiga hacer callar a mi cabeza.

¿A quién debo hacer caso, compañero? Necesito libertad, y necesito que alguien me comprenda para poder, de una vez por todas, disfrutar de una relación social y olvidarme de las que me hicieron sufrir aquí, en la más hermosa de todas las prisiones.

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