Soy gilipollas.
Esto es así, le guste a quien le guste y le pese a quien le pese. La opinión de cualquier persona que me vea, lea, o escuche es unánime en que no soy ni más ni menos que un capullo al que le han dado un teclado, conexión a internet, y tiempo libre. Aun así, me veo en la obligación de dejar más de un tema claro para que no haya equívocos.
No me dedico a hacer humor. No me dedico tampoco a hacer crónica. No deseo reportar ninguna información objetiva. Soy crítico. Sólo pretendo dar una opinión mordaz sobre lo que desde mis categorías (como diría un antiguo profesor) soy capaz a concebir. Ni quiero aplausos ni me interesa tu opinión sobre como hago lo que hago, si me quieres decir algo y lo haces respetuosamente, atente a las consecuencias de que tendrás que discutirlo conmigo, y no doy mi brazo a torcer fácilmente.
Esto nos lleva a otro tema: No me gusta la gente que se da por vencida. Cuando discutas conmigo no me des la razón. Me cabrea y mucho, y no volveré a discutir contigo si no sabes hacerlo. Si quieres una discusión civilizada, la tendremos, y cuando ambos lleguemos a un acuerdo parcial o dejemos de manifiesto que nuestras opiniones son totalmente opuestas, acabaremos.
Sobre el marco político: No soy comunista. Hay mucha leyenda urbana sobre que apoyo el comunismo, y aunque sienta admiración por personajes como Marx o Lenin, o por acontecimientos como la revolución cubana, votaría en contra de establecer un régimen comunista. Para esa cuestión soy pragmático, lo que pueda ser será, y lo que aún no pueda ser, no será, y cuando tenga que ser, será.
Luego están las estupideces contradictorias que escucho sobre mí: Critico la fiesta del orgullo gay y soy homófobo, critico el nacionalismo catalán y soy un facha españolista, pero luego resulta que por la calle me llaman rojo de mierda. A ver si nos centramos, yo no pertenezco a ningún grupo específico, yo critico lo que creo que está mal. No defenderé jamás algo que crea mal hecho, lo haga quien lo haga, aunque pertenezca a mi grupo más afín. Soy único, y soy rey en mis opiniones, y no dejo que nada ni nadie influya lo más mínimo en ellas.
Doy una opinión lo más clara que puedo dentro de la enmarañada red de locuras e ideas disparatadas que es mi mente, y lamentablemente, por culpa de que me han dado un teclado y conexión a internet, tenéis la oportunidad de leerme y escucharme. Escribiré para cuatro, y bien contento que estoy de no escribir para cuarenta imbéciles y sí para cuatro personas con criterio, y aunque no escriba para nadie seguiré escribiendo. Y cuando haya escrito millones de palabras que hayan servido para que una persona piense: "Quizás este gilipollas tenga algo de razón a su estúpida y extraña manera", me sentiré más orgulloso y feliz que si hubiese escrito cuatro palabras leídas por millones de ovejas del rebaño y valoradas en setenta millones de euros cada una. Y ¿Por qué? Creo que ya sabéis la respuesta.
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