miércoles, 23 de noviembre de 2011

El tren no espera

El tiempo nunca se detiene. Las oportunidades pasan. La vida consiste en aprovechar todas las oportunidades que se te presentan.

En su día, pude escoger lo que quería hacer, escoger la forma de vida que quería llevar. Elegir como quería plantear mi juventud en un solo instante (que jamás imaginé que sería tan importante), y, sobre todo, si quería aprovechar la oportunidad que se me presentaba. La dejé pasar, y a causa de ello, mi vida cambió. Fui la excepción de la adolescencia, dejé pasar la rebeldía, la acción, la aventura... Y eso me volvió casi loco. Dejé de ser quien era ese día.

El tren pasó. Perdí mi oportunidad y me quedé llorando en la estación. El remordimiento me quemaba por dentro, la envidia de la diversión de las demás, ese debería ser yo... Y a día de hoy aún pienso que "ése de la foto" podría haber sido yo... Y sin embargo opté por quedarme al margen de esa sociedad, y poco a poco me volví huraño con la misma, llegando casi a odiar el género humano. Parece extraño y difícil de creer, pero es así. Me costó mucho volver a relacionarme con la gente de un modo normal, y a día de hoy sigo sin estar curado del todo, a veces pienso que sigo siendo ese sociópata que fui años atrás, y lo seguiré siendo por siempre, aunque hubo quien me supo sacar del pozo.

Por eso me volví un oportunista, porque el tren no espera, y aprendí a empujar para subirme. Aprendí a correr tras el tren y no dejarlo ir hasta que no haya agotado la última posibilidad de agarrarme al vagón de cola. Y para lograr cogerlo, sirve de mucho haber perdido el primero. Porque tras perder uno, cogí los demás.

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