El tren pasó. Perdí mi oportunidad y me quedé llorando en la estación. El remordimiento me quemaba por dentro, la envidia de la diversión de las demás, ese debería ser yo... Y a día de hoy aún pienso que "ése de la foto" podría haber sido yo... Y sin embargo opté por quedarme al margen de esa sociedad, y poco a poco me volví huraño con la misma, llegando casi a odiar el género humano. Parece extraño y difícil de creer, pero es así. Me costó mucho volver a relacionarme con la gente de un modo normal, y a día de hoy sigo sin estar curado del todo, a veces pienso que sigo siendo ese sociópata que fui años atrás, y lo seguiré siendo por siempre, aunque hubo quien me supo sacar del pozo.
Por eso me volví un oportunista, porque el tren no espera, y aprendí a empujar para subirme. Aprendí a correr tras el tren y no dejarlo ir hasta que no haya agotado la última posibilidad de agarrarme al vagón de cola. Y para lograr cogerlo, sirve de mucho haber perdido el primero. Porque tras perder uno, cogí los demás.
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