Hay momentos en los que parece necesario pedirle a la vida un "tiempo muerto", sobre todo cuando pasan muchas cosas, y todas a la vez. Parece que no dispones de tiempo para nada, y todo se descontrola a una velocidad en la que cada minuto se empieza a reducir a 30 segundos. A mí, esa situación suele venirme en dos momentos del año, en Noviembre y Diciembre, y en Febrero y Marzo. Y no tengo ni idea de por qué. Quizás sean las situaciones del año, los cambios de temperaturas, los ritmos circadianos o las fases de la luna; pero es así.
Y es adía de hoy que necesito un momento, un tiempo muerto, para pararme, refrescarme, tranquilizarme, descansar, y pensar fríamente que hacer, que estrategia llevar ahora. Necesito que mi tiempo se pare, o al menos, que vaya a un ritmo al que pueda controlar.
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