Cuando se habla de Francisco de Quevedo, son muchos los que conocen la anécdota en la que el poeta apostó gran cantidad de dinero a que llamaría "coja" a la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV de Austria, que realmente era coja. Quevedo se acercó a ella con un par de ramos de flores y le dijo: "Entre el clavel y la rosa, su majestad escoja", juego de palabras entre "escoja" y "es coja". Pues bien, mucha gente conoce esta anécdota, pero, aparte de el archiconocido calambur de Quevedo, existen varias anécdotas suyas que no tienen nada que envidiar al famoso pareado.Pero las mejores anécdotas de Quevedo son las que tienen que ver con sus cuartetas. En una de ellas, el rey Felipe IV le pide a Quevedo que le improvise unos versos. Este accede y le pide al monarca que le de pie, pero el rey confunde la expresión y le dio su propio pie. Entonces, Quevedo, burlesco como siempre, le improvisó estos versos:
En esta postura,
dais a entender, señor,
que vos sois la cabalgadura,
y yo el errador.
Pero mi favorita, es sin duda en la que al poeta le piden que haga una rima con la palabra "lápiz", que no tiene rima consonante en castellano. Quevedo aceptó el reto y escribió estas rimas:
Al escribir con mi lápiz,
he cometido un desliz,
y es que he escrito tápiz,
en vez de escribir tapiz.
En resumen, todo un genio de la lengua castellana del que nunca me canso de leer versos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario